EL OSCURECIMIENTO DE UNA RELACIÓN HISTÓRICA
A poco que pensemos sobre los contenidos de la asignatura de Historia en la Secundaria, podemos llegar a la conclusión de que lo que ha ocurrido en las últimas décadas no es normal en lo que concierne a la temática americana.
¿Cómo es posible que una relación de más de tres siglos, que se dice pronto, intensísima, esté reducida a la mínima expresión? Un chaval puede pasar por el sistema educativo sin enterarse de que el continente americano formó parte de España durante esos trescientos años. No es una hipótesis: hace algunos años tuve la oportunidad de comprobarlo en el último curso de Secundaria. ¿Asombroso? Pues no. Teniendo en cuenta la minorización en los contenidos de la América española, es lo más normal.
Es legítimo preguntarse por los porqués de esta situación. Y en este caso yo encuentro básicamente dos elementos que siguen gravitando sobre la historiografía española y la educación hist´roica que se ofrece en nuestro país. El primer factor es el esquizofrénico propósito de los historiadores, principalmente desde 1975, de situar lo hispánico como europeo. Una operación del absurdo. Como si España no hubiera influido decisivamente en la configuración de la cultura y la historia de Europa. Naturalmente, esto condujo, de rebote, al oscurecimiento de la dimensión americana.
Este oscurecimiento es tan injusto e ilegítimo que trabaja en contra del conocimiento de la auténtica dimensión histórica de la España moderna: la construcción de una civilización a uno y otro lados del Atlántico, forjando una sociedad nueva, fundada en el mestizaje humano, social y cultural.
Es evidente que esta operación, desde el minuto uno, produjo enormes injusticias. Las denunció en su momento el padre Las Casas, y los debates sobre los indígenas y la guerra colocaron en el centro del pensamiento al ser humano. Aquí es donde comienza a actuar el segundo factor: la negación del ser humano por sí mismo. Resaltando lo negativo, e introduciéndose en esa espiral de sinsentidos que es la de considerar el descubrimiento como agresión, llegamos a abjurar de las muertes, la servilización y el puro dominio de las sociedades americanas. Así que, para muchos, mejor dejar de lado esta dimensión de la historia española.
Pedazo de error. Porque quitemos de en medio las guerras, los crímenes y las injusticias no vamos a cambiar la historia. Sobre todo, no vamos a conocer mejor nuestro pasado, y, por añadidura, ponemos un velo en el conocimiento de nosotros mismos. Y aquí seguimos.
Afortunadamente seguimos teniendo magníficos investigadores de esta faceta de nuestra historia. Digo faceta, aunque creo que es toda la historia de España hasta más allá de 1900, si nos ponemos a pensar. Me quedo pues con Manuel Lucena Giraldo:

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